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La consultoría turística: la gran ausente en los grados de Turismo.

  • Foto del escritor: Pablo Granell
    Pablo Granell
  • 24 feb
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 7 días

Hay una pregunta que incomoda, pero que el sector debería formularse con honestidad: ¿por qué la consultoría turística no ocupa un lugar estructural en la mayoría de los grados universitarios en Turismo?



En los planes de estudio encontramos gestión hotelera, marketing, planificación de destinos, economía aplicada, organización de eventos. Sin embargo, rara vez aparece una asignatura que forme de manera específica en consultoría turística como disciplina estratégica. Y no estamos hablando de una materia accesoria, sino de una competencia clave para el desarrollo y la sostenibilidad del sector.


La consultoría no es una extensión de la experiencia profesional. No es una opinión con cierta trayectoria detrás. No es haber trabajado en un proyecto y extrapolar conclusiones. La consultoría exige método, análisis, diagnóstico, visión global y capacidad de diseñar estrategias con base en datos. La consultoría requiere de un conocimiento profundo del sector público y privado, ya que ambos coexisten y deben entenderse siempre.


Formar consultores turísticos implica enseñar a analizar mercados y tendencias, interpretar indicadores económicos, diseñar modelos de negocio, estructurar planes estratégicos, integrar marketing, comunicación, gestión y administración desde una visión 360. Implica formar profesionales capaces de liderar proyectos complejos y tomar decisiones con criterio técnico.


Entonces, ¿por qué no se incorpora con claridad en las mallas curriculares? ¿Por qué los directores académicos no la consideran una necesidad estructural? ¿Se subestima su importancia? ¿Se teme la complejidad que supone enseñar pensamiento estratégico real? ¿O seguimos formando principalmente perfiles operativos en lugar de estrategas?



La consecuencia es evidente: el vacío formativo abre la puerta al intrusismo. Proliferan los llamados “consultores turísticos” cuya principal credencial es la experiencia puntual o la visibilidad pública. Pero opinar no es asesorar. Haber estado en el sector no equivale a tener capacidad metodológica para diagnosticar y transformar.


El turismo necesita rigor. Necesita profesionales capaces de analizar antes de proponer, de medir antes de decidir y de diseñar estrategias sostenibles en el tiempo. Y ese rigor empieza en la universidad. Si no formamos verdaderos consultores, otros ocuparán ese espacio sin la preparación adecuada.


La pregunta no es si la consultoría turística debería enseñarse. La pregunta es: ¿por qué todavía no se considera imprescindible? ¿Qué opinas?


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